Abrió el ojo a las 10.30 de la mañana y no entendió nada. Se levantó y cual robot fue a la cocina a preparar café. Abrió el placarcito e intentó acordarse de lo que estaba buscando. Café, si café. Puso el filtro en la cafetera, el café y el agua. Apretó el botoncito y se fue al living. Abrió las persianas. El olorcito a café ya se sentía pero aún no entendía nada.
Se sirvió la primera taza de café y después del primer sorbo empezó a ver las cosas más claramente. Se miró; su aspecto daba pena. Un pantalón negro de jogging que le quedaba corto (inmediatamente la canción “pantalón cortito” empezó a sonar en su cabeza) unas medias fucsias a rombos, una remera blanca y el pelo ABSOLUTAMENTE indescriptible. Se levantó la remera para verse la panza y como todas las mañanas dijo “hoy hago abdominales”. Ese pensamiento se fue como vino. Se sentó en el sillón del living con su taza y miró el techo. Uno se plantea cosas importantes cuando mira el techo.
Prendió la compu para revisar mails y el facebook, y como siempre googlear algo choto. Fue a la página del país para ver como andaban las cosas en su Uruguay y después se sirvió otra taza de café.
Después de una hora de pelotudear en Internet se decidió a ordenar la casa. Se puso el mp3 nuevo (el otro murió ahogado en la lavadora) y escuchando Eddy Lover empezó con las tareas de todos los días.
Dejó la casa bastante en orden y miró en la heladera para ver con qué víveres contaba para la cena. Agarró la billetera (H&M, 5 euros people) y fue hasta el super que le queda a dos cuadras. Con su canastita de mimbre paseó entre las góndolas y decidió que la cena de hoy sería ensalada con lasagna. Vagó un poco por la zona de los panes dejando que el olor a brezel calentito se metiera en su sistema y después siguió rumbo a la caja en donde estratégicamente están puestas todas las putas golosinas. Miró de reojo el chocokeks. Los gummibergien que se reían de ella desde lo alto. Terminó agarrando unos chicles pedorros, que de última tenían sabor a frutita.
Se sirvió la primera taza de café y después del primer sorbo empezó a ver las cosas más claramente. Se miró; su aspecto daba pena. Un pantalón negro de jogging que le quedaba corto (inmediatamente la canción “pantalón cortito” empezó a sonar en su cabeza) unas medias fucsias a rombos, una remera blanca y el pelo ABSOLUTAMENTE indescriptible. Se levantó la remera para verse la panza y como todas las mañanas dijo “hoy hago abdominales”. Ese pensamiento se fue como vino. Se sentó en el sillón del living con su taza y miró el techo. Uno se plantea cosas importantes cuando mira el techo.
Prendió la compu para revisar mails y el facebook, y como siempre googlear algo choto. Fue a la página del país para ver como andaban las cosas en su Uruguay y después se sirvió otra taza de café.
Después de una hora de pelotudear en Internet se decidió a ordenar la casa. Se puso el mp3 nuevo (el otro murió ahogado en la lavadora) y escuchando Eddy Lover empezó con las tareas de todos los días.
Dejó la casa bastante en orden y miró en la heladera para ver con qué víveres contaba para la cena. Agarró la billetera (H&M, 5 euros people) y fue hasta el super que le queda a dos cuadras. Con su canastita de mimbre paseó entre las góndolas y decidió que la cena de hoy sería ensalada con lasagna. Vagó un poco por la zona de los panes dejando que el olor a brezel calentito se metiera en su sistema y después siguió rumbo a la caja en donde estratégicamente están puestas todas las putas golosinas. Miró de reojo el chocokeks. Los gummibergien que se reían de ella desde lo alto. Terminó agarrando unos chicles pedorros, que de última tenían sabor a frutita.
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